ALL ABOUT: Sabine Marcelis
Interview
Written by Emma Mariscal
26.05.20

La diseñadora industrial neozelandesa ha conseguido que en pocos años el mundo caiga rendido a sus pies. Sus piezas, que juegan con la luz, el color, la transparencia y el reflejo, seducen a galerías de arte, arquitectos de la talla de Rem Koolhaas y firmas de moda, como Céline o Fendi, por igual. Premios, publicaciones y público alaban sin parar el buen hacer de una creadora que como ella misma explica, continúa siendo una nerd de las técnicas de producción. Ahora, tras un breve parón por maternidad, ha vuelto a su fábrica en Rotterdam, donde reside desde hace más de 10 años, y ya ultima sus nuevos diseños.

Háblanos de cómo te convertiste en la diseñadora del momento.

Estudié diseño industrial en Nueva Zelanda durante dos años, pero deseando tener un poco más de autonomía en cuanto a mi aproximación al diseño, me trasladé a Holanda para terminar la carrera en la academia de diseño Eindhoven. Siempre supe que no quería tener un trabajo de 9 a 17h, sino tener la libertad de decidir mi propio horario (y reglas). Tan pronto como gradué, conseguí un estudio en Rotterdam y empecé a desarrollar proyectos personales. Al principio trabajé mucho para diseñadores de moda y artistas. Creo que mi fuerte siempre ha sido mi conocimiento e interés por las cuestiones técnicas, la producción en sí de las piezas, así que empecé ‘haciendo realidad’ los diseños más locos de otros. Después, poco a poco fui haciendo menos cosas para otros y dedicando más tiempo a mis propios proyectos. Entonces llegaron las galerías y las firmas de moda, así como los proyectos más grandes y excitantes. Hice algunas colaboraciones para el estudio de arquitectura OMA, de Rem Koolhaas, que me permitieron explorar otro nivel del diseño. Siempre busco seguir creciendo, haciendo cosas nuevas que me reten y no estancarme en una sola cosa.

¿Recuerdas el preciso momento en el que el diseño comenzó a interesarte?

No soy una de esas personas que siempre han sabido lo que querían ser. Soy muy de blancos y negros; cuando algo atrapa mi interés, lo tiene por completo, pero no fue algo que siempre estuviese ahí… Empecé a estudiar diseño con 21 años, tras un largo parón tras el instituto, en el que viví en la nieve entre América y Nueva Zelanda. Al comenzar el curso, desde el minuto uno me di cuenta de que amaba diseñar, pero desde un punto de vista distinto al que nos enseñaban en la escuela. Me volví una nerd de las técnicas de producción; quería saberlo todo sobre cómo se hacían las cosas. Y hoy sigo trabajando de la misma manera que cuando estudiaba, muy de cerca con la fábrica. Pero mi padre era ingeniero y creo que él es el auténtico responsable de mi pasión. Diseña maquinaria compleja y siempre nos animó a mi hermana y a mí a involucrarnos y ser curiosas. A veces aún hago brainstorming sobre cuestiones técnicas con él. ¡Sin duda fue él quien me ayudó a resolver unos problemillas que tuve con la fuente que diseñé para Fendi!

¿Qué crees que caracteriza tu trabajo?

Para mi la luz, el color, la transparencia y el reflejo son clave. Son herramientas que me sirven para crear un objeto estático que no percibes como tal. No hay ninguna ciencia aeroespacial oculta detrás de los objetos, pero un uso inteligente de los juegos de luz hace que cobren vida cuando te mueves a su alrededor, siempre están ‘en movimiento’, cambiando…. La luz lo es todo.

Retrato de la diseñadora industrial Sabine Marcelis.

Para ti, ¿qué es más importante la función o la estética de un objeto?

Como diseñadora industrial nunca podré olvidarme de la función. Para mí es de extrema importancia. Siempre intento responder al por qué de esto, pero no lo siento posible. Dicho esto, también creo que el valor estético y la percepción de un objeto, la reacción de quien lo mira, también es una función en si misma. Por ejemplo, mis Dawn Lights no son lámparas diseñadas para que tengas la luz perfecta para leer. Su función es crear la experiencia de estar en ese espacio con ese objeto.

¿Qué clase de cosas suelen inspirarte?

Me inspiran por igual los fenómenos naturales y los últimos avances tecnológicos. Los descubrimientos más recientes en cuanto a procesos de producción son lo que más me motiva y me empuja a llevar mi trabajo un paso más allá. La naturaleza, por supuesto, también es una fuente de inspiración inagotable. Siempre tengo los ojos abiertos a lo que está pasando a mi alrededor. Sé que suena a cliché, pero la inspiración está realmente en todos lados. Lo más importante es estar alerta y saber ver cosas en lugares inesperados. Yo siempre evito mirar Pinterest o blogs de diseño, por otro lado, porque no quiero verme influida por el trabajo de otros, y si lo hiciese sería inevitable.

Obra de Sabine Marcelis.
Obra de Sabine Marcelis.
La diseñadora Sabine Marcelis.
Obra de Sabine Marcelis.
Obra de Sabine Marcelis.
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