Amanzoe, remanso de paz en Grecia
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Written by Marta de la Oliva
21.05.20

La consultora Paula Nata nos relata su experiencia en Amanzoe, un paraíso en la tierra situado en la localidad costera de Puerto Heli.

Un cumpleaños suele ser una fecha especial, pero lo es más aun desde que lo paso al lado de Ito, mi pareja, quien siempre se encarga de que además de especiales, mis cumpleaños sean inolvidables.

Conocí los hoteles Aman hace unos tres años. La primera  vez que estuvimos en uno de ellos fue en Utah, en Amangiri. Ese año, la aventura empezó en Atenas, rumbo a Puerto Heli, donde se encuentra este paraíso en la tierra llamado Amanzoe. Nací el 30 de abril, pero esta vez lo celebramos un par de semanas más tarde para asegurar buen tiempo y poder disfrutar de este lugar mágico.

Una vez en Atenas, el propio hotel te ofrece la opción de viajar en helicóptero o coger el servicio transfer por tierra. En nuestro caso, alquilamos un coche para poder hacer una ruta y visitar a la hermana de Ito. Sin duda la opción más económica que te permite disfrutar de los paisajes increíbles de la costa griega. El viaje hasta allí fue muy agradable, hay curvas pero no muchas y las vistas son impresionantes, una pequeña introducción de lo que encontrarás al llegar.

Al llegar al hotel, había dos personas esperándonos. Algo que llama mucho la atención de Aman y que hace que la experiencia sea distinta, es que te reciben de una forma muy especial a la par que cercana, por ejemplo, te llaman por tu nombre, algo que lejos de hacerte sentir invadido, te da la sensación que estás en un entorno amigable, como en casa. No hay check in ni esperas, te ofrecen un zumo de frutas delicioso y una ruta por las instalaciones y el sitio es tan bonito que a penas puedes prestar atención a lo que te están diciendo.

Después, te acompañan a tu habitación y es cuando empieza la magia de este lugar: predomina la madera mezclada con mármol y grandes ventanales, está distribuida por un salón, dormitorio con vistas al mar, dos baños y una increíble terraza con piscina que se entremezcla con la naturaleza y el mar en el horizonte. Recuerdo pensar: no me hace falta salir de la habitación para nada. Sin embargo, cuando finalmente te decides a hacerlo, el plan no defrauda. El mismo día pedimos un transfer que nos acompañó a  la playa, a unos cinco minutos en coche de la recepción. La zona de la playa es, también, un entorno de ensueño y consta de restaurante, un embarcadero y una piscina frente al mar, para los que no nos gusta la arena. Comimos allí y todos los productos eran de cercanía. Por la noche decidimos ver la puesta de sol desde la habitación y subir a cenar a uno de los restaurantes y, como era de esperar, la comida también fue exquisita.

Otro dato curioso de Amanzoe, es que aunque el hotel esté lleno, es muy difícil cruzarse con otros huéspedes, por lo que la sensación de tranquilidad y privacidad es total. Incluso cuando fui al gimnasio por la mañana, estaba completamente sola. Una parte del hotel que no es tan conocida, pero que también es especial, es la biblioteca y el jardín que la rodea.

El segundo día lo empezamos desayunando al aire libre, rodeados de naturaleza, y luego estuvimos en la piscina de la zona principal, a pocos minutos de la habitación. Vimos la puesta de sol en el mirador del hotel, donde cada noche encienden un fuego ya que cuando cae el sol las temperaturas bajan considerablemente. Esta vez, cenamos en el restaurante asiático, que a mí me encantó, pero Ito prefirió el del primer día.

El último día, justo antes de irnos, nos obsequiaron con una pulsera con un ojo, símbolo de suerte y protección. Sin duda, nuestra estancia en Amanzoe fue como estar en otro mundo o en el paraíso en la tierra.

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Amanzoe, remanso de paz en Grecia

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