Entender la crisis de suministros en la industria de la moda
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Written by Ivet Puig
21.12.21

En los últimos meses hemos escuchado recurrentemente el término ‘crisis de suministros’. Pero, ¿a qué se refiere exactamente? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí y cómo afecta a las marcas de moda?

Dentro de poco se cumplirán dos años desde que el mundo se paró por completo por la llegada del coronavirus a nuestras vidas. Por aquel entonces, la mayoría nos paseábamos por casa en leggings de deporte, al mismo tiempo que nos reconciliábamos con aquel chándal olvidado en el fondo del armario.

Seguramente aquellos meses que pasamos más o menos encerrados en casa no serán recordados precisamente por ser los más estilosos de nuestras vidas. Eso sí, tuvieron un efecto en la industria de la moda que explican algunos ‘por qués’ de la actual crisis de suministros. Un concepto vastamente utilizado en los últimos meses y que tratamos de desglosar a continuación.

La tormenta perfecta

La directora de internacionalización de Acció, Cristina Serradell, opina que al abordar este tema es “importante separar conceptos”. “Existen una serie de factores que están sucediendo y la suma de unos y otros constituyen una situación problemática”, detalla. Una situación a la que la consultora McKinsey se refiere como “una tormenta perfecta de retos” a los que deben enfrentarse las marcas y que incluyen, entre otros, la volatilidad de la demanda, la disrupción de las cadenas de suministro, el aumento de costes y la consecuente presión sobre los márgenes de beneficio.

De hecho, el informe ‘Apparel CPO 2021’ elaborado por McKinsey, asegura que estos retos son, ahora mismo, la principal preocupación de los directivos de empresas de moda en todo el mundo. 

Pero, ¿cómo hemos llegado a esta situación? Volvamos a los leggings. Durante aquel período de tiempo pudimos ahorrar y, ahora, al volver a la oficina, a cenar fuera, a la vida social y al ocio estamos comprando más y con más ganas. Es decir, “la demanda ha aumentado de forma exponencial, mientras que la capacidad productiva no está al mismo nivel”, explica Serradell.

Por un lado, en el sector del transporte no se han hecho las inversiones de ampliación de capacidad necesarias. En cuanto al transporte marítimo durante el confinamiento muchos barcos quedaron atrapados en diferentes puertos y cuando se han vuelto a necesitar no estaban en el lugar adecuado. En este sentido, “el cierre de muchos puertos, especialmente en China donde se ha practicado una política extremadamente restrictiva” han provocado un desajuste entre la oferta y la demanda y un aumento de costes.

Por otro lado, ha habido un problema de suministro de materias primas. Además de las afectaciones por el coronavirus, en diferentes regiones del mundo han sucedido fenómenos climáticos que han perjudicado las cosechas, por lo que no se ha podido satisfacer la demanda y también han subido los precios.

Sin embargo, Serradell advierte de que lo que más ha afectado a la industria de la moda es “la disrupción de las cadenas de suministro”. En este sentido, explica que veníamos del modelo just in time, en el que la producción estaba muy fragmentada en diferentes proveedores pero, sobre todo, muy localizada en zonas con un coste de producción muy bajo como pueden ser “Bangladesh o Vietnam”. “Cuando todo funcionaba bien, era un motor muy bien engrasado” explica la directora.

Pero el Covid ha truncado esta situación. Se han cerrado fabricas, se han aplicado diferentes restricciones en diferentes países según la afectación del virus en cada momento, por lo que no se ha podido producir al 100%.

Asimismo, el informe de McKinsey añade que el confinamiento y las restricciones dispararon el comercio online hasta unos niveles sin precedentes que, además, no volverán a la situación pre-pandemia. Por lo que los negocios deben adaptarse a esta realidad con rapidez, digitalización y nuevas infraestructuras.

Consecuencias para el sector de la moda

Cristina Serradell habla de dos afectaciones principales. Por un lado, las marcas han experimentado un aumento de costes tanto de producción como de transporte, por lo que sus márgenes de beneficio se han visto afectados.

En este sentido se produce una situación paradójica. Mientras que por un lado este 2021 las marcas han podido vender más que nunca, su incremento de facturación no se ha traducido en un aumento de beneficios porque han tenido que reducir sus márgenes.

Serradell explica que de momento el aumento de costes no se ha trasladado al consumidor final en la mayoría de casos. Sin embargo, es algo que podría ocurrir en enero, un período típico de revisión de precios. Aún así, la directora de internacionalización de Acció detalla que “es difícil subir los precios” por la presión de mantenerse competitivos en el mercado.

La segunda problemática pasa por las dificultades en la entrega del producto al consumidor final. Esto se debe, según la directiva, a la disrupción de las cadenas de suministro que provoca demoras en todos los procesos. Y, en algunos casos, en la dificultad por encontrar papel y cartón para el packaging, ya que debido al aumento exponencial del comercio online “existe una demanda brutal” de estos materiales.

¿Cómo pueden las marcas de moda hacer frente a esta situación?

La localización de la producción de moda en zonas muy concretas en el mundo ha dejado a la vista la vulnerabilidad de las cadenas de valor. Es por ello que Cristina Serradell destaca la diversificación de proveedores como una tendencia en auge en el sector. Lo que McKinsey llama en su informe: flexibilidad. De hecho, de los CPO (directores de compras) entrevistados por la consultora, un 50% asegura que han empezado una transformación en este sentido.

Es decir, en lugar de tener todos los proveedores en Bangladesh, por ejemplo, las empresas están buscando proveedores en nuevos territorios como Turquía o Marruecos, también más cercanos, para tener más capacidad estratégica de reacción. 

Entre los factores que los empresarios van a tener en cuenta para elegir proveedores a partir de ahora, el informe de McKinsey destaca su nivel de digitalización para mejorar su eficiencia y transparencia; la capacidad de poder trabajar con colecciones pequeñas; su integración vertical; y, por último, la ubicación de sus fábricas a nivel multinacional.

Las marcas “necesitan resiliencia, necesitan diversificar el riesgo y, por tanto, los proveedores”, asegura Serradell.

Al mismo tiempo McKinsey apunta que obtener el control sobre la cadena de valor a través de la trazabilidad completa, puede ser un elemento clave para minimizar riesgos y además, producir de una forma más ética y sostenible en un futuro.

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