Fashion Insiders: Carmelá Lugo
Interview
Written by Marta de la Oliva
15.04.21

Carmelá Lugo es la diseñadora detrás de Attire, la firma sostenible capitaneada por Xenia Adonts. Tras trabajar en firmas como Calvin Klein o Ralph Lauren, charlamos con ella sobre sostenibilidad, el futuro de la industria y su trayectoria profesional.

¿Quién es Carmelá?

Siempre me gusta definirme con tres palabras. La primera es venezolana o latina. Llevo muy arraigado mi nacionalismo y la cultura en la que he crecido forma parte de quién soy. Estoy muy orgullosa de mis raíces, de tener acento cuando hablo en inglés, de la música, comida y todos los aspectos culturales de mi país. La segunda es que soy inmigrante: soy una persona de mundo, adoro viajar y he vivido en muchos países. Me gusta relacionarme con la gente y me inspira conocer aspectos de las personas. La última, es que a través de mi trabajo, soy activista. A través de mis diseños y de mi forma de arte, me gusta poder dar y impactar socialmente.

¿Cuándo comenzó tu interés por la moda y cómo te adentraste en este mundo?

Mi interés hacia en el diseño y el arte nació en mí desde muy chiquita. Tuve la suerte de nacer en una casa donde me dieron la libertad de hacer lo que queríamos. En mi casa no había una prescripción de tener que seguir los pasos de tu papá, ni de ser abogada, como pasa en muchos países, como Venezuela y creo que también España. Mi madre siempre fue partidaria de explotar esos aspectos que me gustaban más. Primero fue la pintura, pero más adelante ya empezó a ser la costura. Más tarde, me daría cuenta de lo importante que es esto, pero también que las personas que impulsaban esos aspectos en mí, me inspirarían más adelante a ser diseñadora de moda.

En mi familia, a lo largo de mi vida, mi madre y mi hermana, han sido imágenes y roles que me han inspirado y quería que se sintieran orgullosas de mí. Mi hermana también estudió diseño de moda y no era tan buena dibujando, cosa que a mí me encantaba, por lo que yo cogía y le hacía la tarea sin que ella lo viera. Entonces me di cuenta, que la moda era algo que yo hacía para divertirme, pero también podía convertirse en un trabajo. Me diseñaba mis propios vestidos, me iba al centro de Caracas y compraba las telas y cosía todo lo que dibujaba. Recuerdo que la inspiración la sacaba de la revista española Hola!, cuando hacían una edición de colecciones. Mi mamá me las compraba, veía un vestido, buscaba la tela y se la daba a la costurera.

Echando la vista a atrás, desde que entré en la universidad hasta ahora, me doy cuenta que mi inspiración siempre ha sido ella. Trabajó en un banco durante muchos años y todas las siluetas de mis diseños son siluetas que he visto en ella. Recuerdo verla con sus trajes y americanas y, al final, esa imagen de mujer independiente haciendo su propio futuro que, lamentablemente, no era la imagen que teníamos ni en Latino America ni en España, fue lo que me inspiró para diseñar y en ser la persona quien soy.

¿Cómo fue el paso de nacer en Venezuela a trasladarse a estudiar a Estados Unidos? ¿Cómo entraste en el mundo laboral?

A los 17 años me mudé de Caracas a estudiar a la universidad SCAD a Savannah y desde el primer momento me di cuenta que a diferencia de mis compañeros, yo era inmigrante y quizás podría tener menos posibilidades de poder encontrar un trabajo. Desde el primer momento, vi que debía diferenciarme siendo yo. Para mí, ir a Estados Unidos, era la oportunidad y el sueño americano. Recuerdo que en las primeras vacaciones que tuvimos, conseguí mis primeras prácticas durante cuatro semanas. Para mí fueron muy importantes para poder empezar a construir mi portfolio, que entiendo como una pirámide que construir y la manera de ganar experiencia. En cuatro años de carrera hice 8 periodos de prácticas en marcas como Donna Karan o Ralph Lauren, que fue en la que me quedé más tiempo. Ahí es donde quise mostrar la diferencia de quién era yo.

Las prácticas son una manera de conocer qué es lo que te gusta y qué es lo que no te gusta hacer. Por ejemplo, yo no quería hacer estilismo, marketing me gusta, pero no quería enfocarme en ello… así puedes ver qué parte de la industria más se complementa de mejor manera a lo que a ti te gusta, no hay nada más gratificante que trabajar de lo que a uno le gusta hacer, y así es cuando tu trabajo se convierte en tu vida.

«En una start-up tú eres lo que yo digo “una todera”: te toca hacer de todo y aprender de todo el mundo, pero se crea un ambiente mucho más positivo y cuando hay un problema todo el equipo se une para buscar una solución»

¿Cómo fue tu experiencia trabajando en grandes firmas como son Calvin Klein o Ralph Lauren en diferencia con Attire?

En las marcas grandes eres un punto de todo el proceso, tú eres una persona de diez, sin que las otras nueve, el producto no va a salir. Sin embargo en una start-up tú eres lo que yo digo “una todera”: te toca hacer de todo y aprender de todo el mundo. Te van a tocar hacer cosas que quizás quizás no se te da bien hacer. Por ejemplo, en Attire, cuando empezamos éramos solo tres personas y yo era la encargada de llevar a cabo todo el proceso de diseño y producción. El haber estado en marcas tan grande estando atenta a lo que hacían mis compañeros, me permitió poder desarrollar todo eso en Attire. Otro punto, que destacaría es que tienes que aprender a ser muchísimo más flexible con tu tiempo y con tu día a día: en una empresa pequeña tu día es totalmente impredecible, pero en una empresa grande, tu día es una estructura para que un producto llegue a tiempo. Por último, para mí una empresa pequeña, se crea un ambiente mucho más positivo. En una empresa grande hay competencia e incluso rivalidad. Por ejemplo, cuando se comete un error, siempre se va a buscar un culpable, mientras que en una marca pequeña, cuando pasa algo, todos tienen que ir para buscar soluciones. Además, puedes tener una voz dentro de la marca así como fuera, y que la gente reconozca tu trabajo.

Attire se caracteriza por ser una firma que apuesta por prendas atemporales y, además, sostenibles. ¿Cómo ha sido el proceso de creación de las dos colecciones teniendo cuenta estas dos premisas y con qué problemas os habéis encontrado?

No todo es tan fácil como parece. A lo largo del proceso hemos intentado conseguir materiales con los que no hemos podido producir las piezas, ya que conseguir productos 100% orgánicos es muy complicado. El proceso detrás de una prenda sostenible es exhaustivo. Yo visito todas los talleres para ver cómo se están haciendo las piezas, buscamos todos los materiales necesarios para que la pieza sea sostenible. Otras marcas, en detalles como el hilo o las etiquetas hacen la vista gorda: puede que el algodón sea orgánico, pero si la pieza está hecha en Bangladesh seguramente no sea sostenible. El ser transparentes genera muchos obstáculos, pero la gratificación es aun mayor. Por ejemplo, las hombreras en Attire, son de algodón orgánico con hilo 100% orgánico, un detalle que muchas marcas no hacen porque utilizan poliéster y foam para poder jugar con el margen en estos pequeños detalles.

«El proceso detrás de una prenda sostenible es exhaustivo. El ser transparentes genera muchos obstáculos, pero la gratificación es aun mayor.»

¿Cómo ves el futuro de la industria de la moda? ¿Qué cosas crees que están cambiando o van a cambiar?

Primero de todo, lo veo  extremadamente digital. Más allá de tiendas físicas todo se está digitalizando mucho más rápido y tiene cosas positivas pero también negativas. Una positiva, es que puedes conectar con otra persona del otro lado del mundo y por lo tanto tu producto puede llegar a este consumidor. Sin embargo, echo de menos el contacto humano y de la historia que puedes generar con tu cliente cara a cara. No obstante, ahora estamos viendo como muchas marcas nos muestran lo que pasa detrás de ellas y ese bacgkround y el “cómo se hace”, no tan maquillado y bonito como lo hacen las grandes marcas, sino como lo hacen las pequeñas. Así se conecta con tu consumidor final. Cero que también vamos a ver muchas colaboraciones para sumar sinergias con marcas que haya valores en común.

Para mí estamos viviendo la era de la digitalización, de la colaboración y, más que la sostenibilidad, de la búsqueda de experiencias y lifestyle. El consumidor quiere tener un producto que tenga una historia que contar, para que ellos puedan contar esa historia detrás de la prenda. No es lo mismo que te digan “Oh, me encanta tu camiseta” y tu respondas que es de Zara y ahí se acabe la historia, que te pregunten por tu suéter y digas “es de algodón orgánico y me lo compré en esa tienda de tal…”. Así es cuando los consumidores se convierten en los vendedores de tu marca. Ahora con el Covid creo que mucha gente está empezando a invertir en marcas así.

¿Cuál ha sido el mayor reto al que has tenido que hacer frente en tu carrera? ¿Y cuál es el que recuerdas con más cariño?

El más duro fue en Calvin Klein, porque duarante los dos primeros meses no conectaba con mi jefa. Cuando no tienes un jefe que esté dispuesto a guiarte y que quiera tu beneficio profesional y personal es muy difícil crecer en una corporación. Tu jefe debe ser tu reflejo. Después de un tiempo en el que me di cuenta que hiciera lo que hiciera su actitud no iba a cambiar, pensé que algo debía pasar o quería irme de allí. Tres meses después recibí un correo anunciando que Raf Simons iba a ser el nuevo director creativo y pensé que nadie me iba a echar de allí. Conseguí ganarme a todo el mundo de la compañía y ella fue la única persona a quien yo no le caía bien. Entendí que el problema no era yo, sino que era un problema personal. Años después, me di cuenta que le debía estar agradecida a ella ya que esa situación me hizo aprender que en esta industria no me debía tomar todo a lo personal y a trabajar muchísimo más duro. También a que no debía ser como ella como jefa, sino que ser jefa significa ser un ejemplo para la persona que esté por debajo de ti y tienes una obligación educativa como profesional y en mi caso, personal. Para mí sus logros son mis logros.

Respecto al que recuerdo con más cariño, no podría elegir uno. Quizás cuando abrí mi desfile de graduación porque aparte de mi familia estaban editores a los que yo admiraba muchísimo como André León Talley y diseñadores de la talla de Vivienne Westwood. Otro, fue una conversación de tres horas que tuve con Ralph Lauren y el honor que fue que reconociera mi trabajo. Un último, poder ganar el premio CFDA y que me lo entregaran en un auditorio lleno de personalidades como Raf Simons, Michael Kors, o Calvin Klein.

Fashion Insiders: Carmelá Lugo

Subscribe to stay up to date