Fashion Interns Vol. I
Interview
Written by ALL ABOUT TEAM
29.05.20

El sector de la moda es uno de los más deseados (y a veces odiados) a la hora de buscar prácticas. A la vez, las anécdotas que acumulan sus becarios podrían dar para más de un libro y, en All About Mag, hemos decidido contarlas de la mano de aquellos que ya son grandes profesionales. Con nostalgia (o no), nuestros protagonistas echan una mirada atrás hasta su época como principiantes en las áreas que ahora dominan. He aquí el primer volumen de historias de fashion interns. ¡Hola, industria de la moda!

Allegra Zerz, ex RRPP de LuisaViaRoma y fundadora de Allegra Zerz Consulting.

Estaba haciendo prácticas en InStyle en 2014 y la actriz Sienna Miller justo se acababa de hacer un corte de pelo tipo “bob” asimétrico y la editora jefe quería que alguien del equipo se atreviera a hacérselo. Todas las editoras que tenían el pelo largo se negaron en rotundo y yo, en un momento de valentía, di un paso al frente y me ofrecí voluntaria a cambio de que me dejaran escribir el artículo. Volamos a Londres para que un peluquero me hiciera el estilismo y contrataron a un equipo para grabar y hacer un tema 360. Odiaba cómo me quedaba, pero escribí mi primer artículo en la revista y desde ese día todas las editoras se aprendieron mi nombre.

Alex Agulló, Relaciones Públicas.

Con Alex Estil-les como jefe he vivido, desde muy intern, momentos que nadie se podría creer. Recuerdo que en una NYFW, cuando todavía era en Bryant Park, Alex y servidor estábamos en backstage charlando no sé de qué. Un chico joven, con un séquito detrás, insistía en pasar y Alex y yo no solo no nos inmutamos sino que no pusimos ninguna facilidad para dejarles pasar. Alex me deja en esa puerta y me quedo vacilando, retando con la mirada al chico, hasta que por fin viene alguien y me dice que por favor me aparte, y que deje pasar a Joe Jonas. ¡BRAVO ALEX!

Romain Reglade, el director de vídeo favorito de las grandes firmas de moda.

Uno de los momento más divertidos de cuando empecé a trabajar fue cuando fui por primera vez al festival de Cannes mientras estaba estudiando en Oxford. Justo en ese momento estaba haciendo un curso de “Film Studies” y le escribí un email al profesor explicándole que estaba en el festival y que no podía asistir personalmente a las clases, pero enviaría el trabajo por correo. Lo que no sabía entonces es que esa noche sería una de las más surrealistas de mi vida: me invitaron a la alfombra roja de la gala Amfar, cené con Mick Jagger, tomé unas copas con George Clooney y la fiesta acabó en una casa privada donde se celebraba el cumpleaños de Naomi Campbell, vi la puesta de sol con Leonardo DiCaprio y estuve bailando con Rihanna. Después de la fiesta, tenía que terminar el trabajo, así que con mucho café y sin haber dormido nada, tuve que terminarlo antes del mediodía, pero llegué a tiempo y pude escaparme al premio de Fórmula 1 de Monaco. Por supuesto, mi profesor no se enteró de nada y saqué una muy buena nota, pero cuando volví a la universidad no daba crédito a lo que había vivido.

Dora Sicart, directora creativa y fotógrafa.

El verano del tercer cursos de universidad me lo pasé haciendo de intern para una diseñadora que preparaba su colección para la 080.
Fue una época guay porque pese a que trabájabamos fuera de Barcelona, más horas que un reloj y no cobrábamos ni el transporte, coincidió que estábamos el grupito de amigxs de uni.

Trabajamos durísimo. Estábamos agotados. Pero todo por hacer currículum y por ver nuestro esfuerzo sobre modelazas desfilando en la 080. La diseñadora para la que trabajábamos nos prometió tener unos buenos asientos reservados a nuestro nombre como compensación por todo lo que habíamos hecho.

¡Y llegó el gran día! Nos pusimos nuestros outfits más cool del momento y nos fuimos al desfile. Qué sorpresa más bonita cuando en la entrada nos dijeron que no salíamos en la lista y que era imposible contactar con la responsable de aquello. Imagínate nuestras caras. Mi mejor amigo me hizo el gesto triste de aceptación y se giró como para marcharse. Lo paré con el brazo.

Me salió la Leo que llevo dentro  y la soberbia teen habló por mí y me hizo decirle a la organizadora: “mira, perdona, ¿ves estas manos? pues han cosido gran parte de lo que va a salir ahí, así que por favor déjanos pasar porque te aseguro que nos merecemos, como mínimo, la segunda fila.» jajaja
La pobre chica se apiadó de nosotrxs, nos dejó pasar y en ese momento me sentí que avanzaba hacia los asientos  a lo Una rubia muy legal, con golpe de melena incluído. jajaja Aaaaayyy…¡Bendita juventud!

Fabio Encinar, diseñador y fundador de Encinar.

Con 20 años tuve mi primer verano como becario: durante los dos meses previos a las vacaciones me dediqué a mandar cv y mails diarios a todos los diseñadores para pedir prácticas, hasta que justo dos días antes de empezar mis vacaciones me respondieron de una firma diciéndome que querían verme y que si quería tenía que estar allí en una semana, así que mi verano empezó trasladándome a vivir a Bilbao y perdiendo todos mis planes de verano, pero creo que fue la mejor decisión que pude tomar, unas prácticas buenas hacen más que dos carreras…
Eran los tres meses previos a los desfiles de verano así que según iba pasando el tiempo, aquello evolucionaba en llantos, histeria y gritos (ahora he aprendido que en mi estudio también pasa jaja), con esa mezcla puedes imaginarte que pasaba de todo (y casi todo surrealista) a diario.
Nosotros presentábamos dos colecciones, ya que desfilábamos en dos Fashion weeks, recuerdo que yo estaba de lleno con una y siempre había prisas, íbamos prácticamente a look diario por cada trabajador (una burrada). Allí había una especie de psicosis por el desorden, tenías que tener todo extremadamente pulcro y recogido, total que a mí, el pánico del desorden se me metió en el cuerpo y yo las prácticas ya no sabía si eran de moda o de esterilización de quirófanos… en una de esas, al terminar el día, recogí todo como siempre y me fui. Cuando llegue al día siguiente allí no había ni patrones, ni piezas cortadas, ni nada de nada del trabajo del día anterior, había tirado todo a la basura, TODO, teniendo en cuenta que la tela suele ir justa y calculada por a cada look, yo obviamente cerré la boca y pregunté por la basura. Me dijeron que ya se había recogido, y yo, con una cara de absoluta normalidad, salí de ese despacho y me puse a buscar en todos los contenedores de la calle (podría ser broma, pero no), creo que nadie de mis compañeros supo esto jamás, años más tarde lo conté en una copas. En fin, que yo con mi 166cm de altura, de puntillas (y seguramente con Castellanos), me trabajé todos los container de un pueblo de montaña vasco… NADA, no había ni rastro, así que después del tercer micro infarto entendí que había dos opciones 1: decir la verdad (yo con esta opción no contaba desde el principio porque ahí al que la liaba se le montaba un pollo que me río yo del 2 de mayo..), y 2: tirar para adelante y meterle un tuneo a los looks. Cambié las telas (que no eran ni del mismo color), me inventé los patrones como pude, y lo mandé a coser con una normalidad que me podían haber dado en ese momento la Concha de Plata por actor revelación…. A mí allí nunca más me dijo nadie nada del tema.
Otra de tantas fue una tarde: allí la mayoría de personal se iba a la hora de comer y por las tardes nos quedábamos los jefes, la gente de costura y dos becarios. Cada uno en un taller, mi compañera de tardes era la tía más simpática del mundo, pero también la más intensa… venían verme y distraerme cada diez minutos con alguna historia nueva, total que yo me ponía mi mp3 de la época y trabajaba a mi bola. En una de esas vino y me dijo que estaba mareada que se caía… a mí como me contaba 300 de esas cada día no me parecía ninguna novedad y le debí de soltar alguna bordería. Esa tarde vino a verme tres veces más y la verdad es que mala cara tenía, pero aquello era agosto, estábamos en Bilbao y llevábamos sin ver el sol tres meses, buena cara allí no tenía nadie… al rato fui a preguntarle una cosa y no estaba en su sitio, literalmente a los tres segundos vi la imagen más dantesca del verano: uno de los jefes la llevaba en brazos inconsciente corriendo por la calle… resulta que había venido a pedirme ayuda, pero entre mi mp3 y sus cuentos diarios, yo no le di más importancia… por lo visto ese día descubrió que era alérgica al atún y que el bonito con tomate es atún… se había desmayado y estaba con convulsiones. Yo ahí seguí la misma técnica que cuando tiré todo a la basura: ponerme playlist y hacerme el sueco, a mí ahí no había venido a verme nadie jamás.
Fashion Interns Vol. I

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