Joyas con impacto positivo
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Written by Ivet Puig
13.10.20

Desglosamos el proceso de producción de una joya -desde la materia prima hasta la venta- para conocer los pasos que siguen las marcas que apuestan por un modelo ético y responsable. O cómo identificar si una joya es sostenible.

Al igual que otras industrias, la joyera está experimentando cambios hacia un modelo más sostenible. Y también en este caso la transformación viene provocada por una generación de consumidores que desean sentirse orgullosos de sus compras. No solo a través del aspecto físico de aquello adquirido sino también por la historia que se esconde detrás de su cadena de producción. Y para que ello suceda se requiere que las joyas tengan un impacto positivo, eso es, que respeten a todas las personas implicadas en su producción y también al planeta.

Según Fairmined, una agencia de certificación de oro de extracción responsable, 20 millones de personas en el mundo trabajan en la minería de pequeña escala. Una industria de la que se calcula dependen 150 millones de personas para vivir.

Sin embargo, no todos ellos cuentan con condiciones de trabajo justas, pero varios actores consideran que, tomando las decisiones correctas, una joya puede ser un motor de transformación social y medioambiental.

D.R. Cortesía de Atelier Customima.
D.R. Cortesía de Alighieri.

Los materiales

«Una de las primeras preguntas que debe hacerse cualquier joyero es: ¿De dónde proviene nuestra materia prima y qué impacto genera?», asegura Carolina Escobar, portavoz de Fairmined. Según Escobar, encontrar fuentes fiables es uno de los principales retos con los que se encuentran las marcas dedicadas a la confección de joyas. Sin embargo, defiende que es «esencial» conocer su origen.

La minería de oro (y otras materias) a menudo se asocia con condiciones laborales inseguras, ilegalidades, trabajo infantil, condiciones laborales injustas, crimen organizado y daños medioambientales. «El objetivo de Fairmined es eliminar estas prácticas y las percepciones negativas que se desprenden de ellas y transformar la minería en una fuerza para el bien», explica Escobar.

Utilizar el oro y otras materias de origen ético certificado es una opción, pero existen alternativas. Entre ellas la reutilización de materiales por la que apuestan muchas de las marcas que se definen como sostenibles. Es el caso de Nina Webrink o Alighieri. «Por naturaleza la industria joyera recicla la mayor parte de sus materiales debido a su alto valor», aseguran desde Alighieri. «Además, se generan muy pocos residuos durante el proceso de confección. Cualquier sobra vuelve a formar parte de la mezcla de materia prima y será utilizada otro día para crear otra pieza».

En el caso de los diamantes, la ciencia ha permitido crear «diamantes de laboratorio» con las mismas propiedades ópticas, físicas y químicas que los naturales. En España, Atelier Customima utiliza este tipo de diamantes fabricados de forma ecológica y sostenible, y que además no proceden de países en conflicto. Sin embargo, este tipo de piedras siguen representando una pequeña proporción respecto a los millones de quilates de diamante en bruto que se pueden extraer en un año.

El diseño

Nina Webrink, diseñadora y fundadora de su marca homónima, opina que «la joyería sostenible debe tener en cuenta los materiales y el proceso de confección, pero también el diseño».

El principal objetivo de Webrink es «la creación de piezas atemporales que resistan el paso de el tiempo y que puedan pasar de generación en generación». «Así es como entiendo el concepto de slow luxury» (o consumo responsable), añade.

Además, la joyera ofrece la posibilidad de modificar sus joyas con el tiempo a través de su combinación con otras piezas o añadiendo diamantes «para que las piezas puedan crecer y evolucionar» con su dueño.

También Alighieri sigue esta filosofía a la hora de diseñar sus piezas. La marca londinense, que entiende sus joyas como reliquias modernas, tiene por objetivo diseñar objetos que puedan acompañar a sus clientes en sus viajes y aventuras, «adquiriendo nuevos significados y convirtiéndose en parte de su armadura». Igual que lo hace Webrink, Alighieri también ofrece a sus clientes la posibilidad de modificar o restaurar sus piezas «de tal modo que puedan seguir contando su historia».

D.R Cortesía de Alighieri.

La producción

Por último es importante cómo se producen las piezas.

«Me enorgullece mucho hacer las joyas a mano», asegura Nina Webrink. Y es que cada una de sus piezas está hecha por ella y bajo demanda. «Me apasionan las historias detrás de cada joya». Por ejemplo, su última colección llamada The Elements (Los Elementos) es un tributo a la majestuosidad, la belleza y la frágil resistencia del mundo en el que vivimos.

Por su parte, Alighieri es un claro ejemplo de una cadena de producción local y km0. «Nuestras joyas son bañadas y cortadas por un negocio familiar llamado Just Castings, cuyo oficio se ha pasado de generación en generación». Además, sus talleres se encuentran en las seis calles que rodean su estudio por lo que han logrado crear una cadena de producción que se puede recorrer a pie. De este modo no solo consiguen mantener la tradición joyera en la zona de Hatton Garden (Londres), sino también asegurar una alta calidad en el acabado de sus productos.

Apostar por una confección cercana pues, humaniza el proceso y se aleja de la mecanización que a largo plazo provoca la pérdida de habilidades humanas y tradicionales.

La compra

A menudo una joya se considera una inversión, por lo que se trata de una compra premeditada. Esto facilita al consumidor el poder conocer la historia detrás de cada pieza e invertir en una joya que tenga un impacto positivo en el planeta. «Es importante que las marcas se esfuercen en educar a los consumidores sobre la importancia de utilizar materiales de extracción responsable y para que paguen un precio justo para los productos», insiste Escobar.

Además, según un informe del colectivo Origen (que agrupa 8 firmas de joyería ética en Barcelona), aunque el oro y otras materias de extracción responsable pueden ser entre un 10 y un 15% más caras que aquellas que no cuentan con tal certificación, solo repercute en un aumento de un 3 o 4% en el precio de venta final. Un aumento que, según el estudio, la mayoría de clientes están dispuestos a asumir al conocer todas las consecuencias positivas que pueden derivar de ello.

 

D.R. Cortesía de Nina Webrink
D.R. Cortesía de Nina Webrink
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